Según un reciente informe promovido por la asociación AISGE (Artistas, Intérpretes, Sociedad de Gestión), sólo uno de cada tres actores españoles vive de su profesión y más de las 2/3 partes está en paro o tiene que recurrir a otras ocupaciones.
Joaquín Oristrell, director de cine y guionista, ha escrito un artículo sobre este dato para la revista Fotogramas. En su web está parte de éste.
No se trata de que los actores españoles no sepan promocionar las películas como lo hacen sus colegas americanos, como dice Oristrell. Hay muchos que sí saben, lo que ocurre es que no están por la labor, ya que para la mayoría de ellos su trabajo acaba en el set de rodaje y en el estreno se limitan a pasearse por la alfombre roja sin hacer mucho caso a los medios de comunicación para luego irse de fiesta con sus amigos de la profesión. Claro que tampoco es que los medios estén últimamente muy por la labor de hacerle propaganda al cine.
En el grupo de los actores que forman el conjunto de las dos terceras partes podemos distinguir dos clases de intérpretes: Los que se creen mucho porque una vez llegaron a algo y ahora no encuentran trabajo y los que llevan años, incluso décadas, viviendo de ser actor a base de teatro, cortos, papeles muy secundario en cine (casi extras) y participaciones en algunas series de vez en cuando.
1. Estos últimos son los ACTORES de verdad, a los que les da lo mismo ser famosos que completos desconocidos mientras sigan ejerciendo su profesión.
2. Los otros, los que se creen dioses porque fueron conocidos una vez y no han vuelto a hacer prácticamente nada desde entonces, verdaderamente no se merecen trabajar en esto. Hasta tal punto llegan algunos que se niegan a hacer anuncios porque ellos son actores y luego te los encuentras en reality shows. Que tengan un poquito más de coherencia.
Según Oristrell, en España se considera a los actores como gente ociosa y vaga por el peso de la tradición católica y que están condenados por los propios ciudadanos a ser marginales y peculiares. La tradición católica no tiene nada que ver al respecto. La profesión de actor no es comparable a ninguna otra fuera del gremio del cine. Ellos pueden permitirse trabajar tres meses al año y descansar los otros nueve. Si por eso son vagos, que lo sean, pero ya le gustaría a la mayoría de la población española ser así. Respecto a lo de que están condenados a ser marginales estoy en completo desacuerdo. Son un porcentaje de los actores los elitistas que se automarginan y que no están dispuestos a responder a ninguna curiosidad que les formule cualquier cinéfilo sobre su trabajo.
No entendemos cómo Joaquín Oristrell se atreve a comparar el cine español ocn el americano afirmando que los actores españoles nunca han acabado de pertenecer al sistema como sus colegas americanos porque a los de aquí se les considera vagos. No se puede comparar el cine español con el americano ni en cuestión de actores ni en cuestión de nada. En EE.UU. hay decenas de ciudades que viven del cine; allí hay cientos de estudios dedicados a que se construyan decorados en ellos y en España hay uno o dos (si llega al segundo); en Estados Unidos son completamente previsores desde que un proyecto está en preproducción y se tienen en cuenta todos los sectores de la postproducción y aquí hay un gran marginado al que no le echan cuentas que es el de los efectos especiales. La quema del campus universitario de “Tuno Negro” podría haber quedado bien si la productora hubiera contado con Molinare, la empresa de efectos especiales, desde el principio y no le hubiera encargado hacer esa secuencia cuando la película estaba ya montada.
Y los actores... ¿Hay que ponerles una estatua porque sean actores? Sólo es una profesión más. Hay cientos de personas que no trabajan en lo que desean, que etudian para trabajar en algo y no encuentran ese trabajo deseado. ¿Por qué hay que poner el grito en el cielo por que le pase esto a los actores? El mundo no se acaba porque ellos no tengan trabajo, a nosotros no nos quita el sueño. Que se dediquen a otra cosa.
M. J. Caballero