Sony anuncia la inminente creación de una tienda de cine “on-line”. Una nueva puerta a través de Internet que pretende ser un contrapeso a la millonaria pérdida del sector cinematográfico y la descarga masiva (y, por supuesto, gratuita) de películas a través de la red.
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Esa “puerta” que abrirá la multinacional servirá para que, en un corto espacio de tiempo, se cierren otras miles, las de las salas cinematográficas que no tendrán mayor sentido, salvo si se reconvierten abiertamente en espacios autorizados para comer palomitas.
La puesta en marcha de un instrumento tan poderosamente comercial, con la posibilidad de que llegue a un mercado potencial y seguro de millones de usuarios, efectivamente garantiza la continuidad de la industria cinematográfica. Pero desde luego cambia radicalmente y elimina los actuales canales de comercialización y exhibición; al margen de que anula completamente nuestra concepción más simple y auténtica del cine y nuestra condición de espectador, para convertir el séptimo arte en un producto de usar y tirar.
Probablemente los efectos de la descarga ilegal de películas por Internet se paliarán parcialmente y se reducirán, en parte, el número de películas que se bajan de la red. Lo que no se puede predecir es las consecuencias que esto tendrá sobre las salas de exhibición.
M. J. Caballero